Los otros

Todos somos o fuimos, alguna vez, el “otro” de alguien. Muchos también fueron nuestro “otro”, y hasta quizás lo sigan siendo.

Nos miran y no nos reconocen: hablamos distinto, nos vestimos distinto, caminamos distinto. Es que venimos de diferentes lugares. Aunque aquí cabemos todos.

Me siento cerca del andén y mientras espero el tren me tomo un mate. Alguien me mira. “Ahí está la otra”, debe pensar. Es extraño, asumo. Mientras más “otra” me ven, más “yo” me siento.

Siempre vamos a ser “otros” en la mirada ajena. Aunque estemos cerca. Aunque sí pertenezcamos al mismo lugar.

Pero ya no da miedo, porque el miedo real aparece cuando caemos en la cuenta de que a veces (solo a veces) nos reconocemos como “otros” bajo nuestra propia mirada. Y ahí, no hay “otro” que nos rescate.

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