Miedo

El tiempo se nos escurrió entre las manos. No quisimos mirarnos, porque sabíamos que aun nuestro amor nos estremecía el alma; que todavía nuestras manos, juntas, eran ese fuego que nos hacía arder la piel.

Y entonces, nos despedimos. Atolondrados, como cuando se encuentran dos bocas por primera vez, pero que ya se habían soñado antes, incluso sin saberlo.

Y entonces, nos desarmamos. Tardamos tanto en encontrarnos, que nos conformamos con nunca empezar.

Y el tiempo se nos escurrió entre las manos.
Y ahora no podemos regresar.

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